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Caleidoscopio


el caleidoscopio multicolor: filtro 3

Madga: Hay que volver a enfocar: La vida cambia de color

Sí, por que las cosas no son para tanto al fin y al cabo, o ¿sí son? Las cosas no son para tanto por que al final hasta la misma María Magdalena tendrá que reconocer que lo pequeño puede ser bonito, (y aquí nos referimos a las ciudades de provincia, claro).
Tanto es así lo que decimos que, para ofrecer una información precipitada y así evitar sorpresas de mal gusto en el entramado familiar en que Magda se ve vergonzosamente enmarañada, cuando el hermano de Wilson, `Dizzy' Christie, que de ser futbolista del famoso club británico Arsenal pase a engrosar las filas del no menos famoso equipo profesional local, el Athletic, la aceptación social que su fichaje internacional genera ayudará mucho en limar las asperezas de un conflicto sin fundamento. ¿Quién dijo que el fútbol sólo divide familias?.
Lo que hay que hacer siempre es dar tiempo al tiempo, que con tiempo y como siempre a regañadientes, aunque en esta serie ya es realidad, como podeís ver, hasta el Athletic sigue los pasos de la Real.
Tiempo necesitaron también Ramón y María Pilar cuando volvieron a Bilbao tras encontrarse en Londres con el chasco de su vida. Para ellos la decepción era tan tremenda entonces que en en principio no sabían si debían contárselo a alguien o callarse sus miserias y sufrirlas en la soledad del hogar matrimonial. No obstante, Ramón no tenía, y todavía no tiene, el carácter necesario para afrontar este tipo de situaciones a solas. Y en cuanto a María Pilar, si bien ella es más reservada y comedida de por sí, tampoco podrá evitar abrir sus penas al viento.
Ramón estará además dispuesto a dejarse aconsejar por el menos indicado, y las conversaciones que entablará al respecto, sobretodo con Inasio, pero también con sus otros amigos y los hijos de Rosa Mari, tanto en Automat como en el bar `Txoko', serán de lo más espectacular y visible, de lo más elocuente y persuasivo en todo lo relativo a la miseria y estupidez humanas.
Con todo, nuestra intención no es la de acusarles demasiado pronto, ni mucho menos. Porque de alguna manera, aquí todos somos culpables de nuestros propios prejuicios; y, tristemente, muchos de los deleznables y mezquinos atributos intrínsecos a una variedad vergonzosamente exquisita de pautas de comportamiento miserable y ruin se esconden detrás de eso que llamamos sentido común, ese sentido común del que extraemos lo que se acepta como lección imperecedera de los usos y costumbres eternos y venerables. `Si lo decía mi abuelita , si lo decía mi papá, si lo decían muchas veces...' que `cuando el río suena agua lleva' y que `dime con quien andas y te diré quien eres'.
Y así, con eso de `al pan pan y al vino vino' o con aquello de `no pedir peras al olmo', pues hasta María Pilar encontrará también sufrido y embriagante alivio en la panadería `Ogi-goxo' y en los comentarios indecorosos y torpes que Mirentxu le ofrecerá como recompensa a su decaído estado de ánimo. La pregunta principal ahora es `¿Qué hacer?, ¿Qué hacer ahora?'.
Y, en Londres, María Magdalena tampoco sabe como responder a esta pregunta. Antes de que sus padres aparecieran por allí, ella sabía muy bien que todo el asunto de su vida privada se le estaba escapando de las manos. Su conciencia silenciosa ya le decía que estaba dando largas a una situación embarazosa. Y su experiencia, ahora que todo se había descubierto tras lo ocurrido en ese encuentro interfamiliar penoso, iba a adquirir unos tintes tristes, molestos e irritantes.
La tristeza sería solitaria y profunda, inconsolable. La molestia, imposible de ocultar ante los pares de ojos comprensivos pero firmes de la familia Christie. Y, la irritación con su propia familia alcanzaría los límites de la sinrazón. Ahora, al jurarse a sí misma mil veces no volver nunca más a casa de sus padres y al desvelar a la familia Christie que tras la inocencia y felicidad de un pasado reciente con Wilson se ocultaba el peso de una realidad mezquina siempre latente, ahora entonces, el único consuelo que le quedaba era el pequeño Nelson. Sólo Nelson y su presencia ajena a todo antagonismo podían contrarrestar el peso abrumador de la explicación permanente. Constantemente ahora, su padre Wilson pedía cuentas impagables a una madre aún joven e inmadura, a una madre joven sin consuelos ni esperanzas, a una mujer inmadura e incapaz de explicar y comprender los cómos y porqués absurdos de unos y otros.
¿Qué hacer? ¿qué hacer ahora? Esa era la pregunta que Magda se hacía mientras Nelson sonreía contento en casa, y en el parque jugaba bajo el cielo siempre nublado de esa ciudad inmensa que es Londres donde nadie parece percatarse de las angustias ajenas. ¿Qué hacer? ¿qué hacer ahora? se preguntaba Magda en la peluquería Belle cuando en el decaído ambiente de trabajo los chasquidos agudos y veloces de las tijeras de su marido ofrecían un desafinado ritmo roto de fondo a las notas del saxofón de su suegro que despedía melodías empapadas de melancolía inarmoniosa.
Magda ya no puede más. Todo este cúmulo de absurdidades sobrepasan lo imaginable en su entendimiento. Ahora Magda se encuentra sóla ante el mundo hipócrita, tan sóla y desamparada, tan decaída e inconsolable que, por instantes, ideas destructoras enturbian su pensamiento frágil y desarticulado.
Y así, sus miradas largas y ensimismadas hacia el exterior de la ventana plasman la ambivalencia profunda de un ser atrapado en el juego de los espejos deformantes: Fuera, la vida transcurre igual. Dentro, reflejado en los cristales, su único consuelo Nelson rompe y rasga todo a su alcance y ella consiente. Al darse la vuelta, entre papeles y juguetes y lapices de colores y piezas de puzle y muñecos de todos los tamaños y colores Magda encuentra una foto partida en dos. Es la foto del puente colgante de Portugalete.
Ya no hay puente entre aquí y allá. Allá están sus padres. Aquí, la familia Christie. Allá está Ramón con Inasio, yendo como siempre al fútbol y al bar `Txoko' y ahora conspirando también contra Jesús en Automat. Allá está María Pilar con Mirentxu, viendo pasar tedias horas interminables de conversaciones entre inocuas y mezquinas en la panadería `Ogi-goxo'. Y aquí está ella mirando a esa foto con desdén y a la vez recordando qué feliz era al principio cuando Wilson la quería con ese amor torrencial y fresco, cuando sus suegros la mimaban con delicadeza musical, e incluso cuando sus padres se preocupaban por su bienestar.
Magda no siente ninguna nostalgia por esa foto, ni mucho menos. Pero antes de tirarla a la basura, junta las dos partes rasgadas y su cuerpo partido se une en la mitad con el puente colgante al fondo. Y de esta manera, el puente colgante vuelve a unir la margen derecha y la margen izquierda de María Magdalena. Aquí, `Dizzy' Christie concluye los preparativos para su nueva temporada internacional; y Maruja llama por teléfono a su madre María Pilar. Allí, María Pilar sufre, y responde como puede y sin interés a Maruja quien, ajena a toda preocupación ajena, trata de obtener más información sobre su nuera Trini y sus nietos Raúl, Loli y Aitor.

 

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